La depresión no siempre se ve como uno espera
Existe una idea muy extendida de que la depresión consiste en llorar todo el día o en tener deseos de ya no vivir. Esa imagen corresponde a los cuadros más severos, pero deja fuera a la mayoría de las personas que la padecen.
En la depresión pueden aparecer síntomas aparentemente insignificantes que, cuando llevan más de dos semanas presentes, son una señal de que se está desarrollando un episodio depresivo.
Los síntomas que sí aparecen
En el estado de ánimo
Lo más común es experimentar el ánimo decaído, el llanto fácil o la irritabilidad durante más de dos semanas. La irritabilidad sorprende a muchos: no todo el mundo se pone triste, hay quien se vuelve reactivo y de mecha corta sin entender por qué.
Anhedonia
Suele acompañarse de la pérdida del interés en las cosas que antes nos hacían felices o nos hacían sentir vivos. En psiquiatría a esto lo llamamos anhedonia. Las actividades siguen ahí, pero ya no producen nada.
Abulia
Otro síntoma muy frecuente es esa sensación de "no tener ganas de hacer las cosas aunque sepa que debo hacerlas, es como si no tuviera motivación interna". Eso se llama abulia, y es una de las quejas que más escucho en consulta. No es flojera: es un síntoma.
En el apetito
Una persona con depresión puede perder el gusto por la comida, hacer menos comidas al día o ingerir menos alimento sin proponérselo.
En el sueño
Pueden aparecer problemas para quedarse dormido, despertares varias veces a lo largo de la noche, despertar antes de la hora habitual, o la sensación de que el sueño no es reparador y de andar cansado durante todo el día.
En el pensamiento y el cuerpo
Todo lo anterior repercute en el cerebro y en el cuerpo, y puede resultar en dificultad para concentrarse, para poner atención, problemas de memoria, e incluso sentirse físicamente débil, sin fuerza o como lento.
La regla de las dos semanas
Todos podemos llegar a vivir estos síntomas si tenemos un mal día en algún aspecto de nuestra vida. La clave para sospechar depresión es cuando se vuelven una constante durante más de dos semanas y están generando problemas en la familia, la pareja, el trabajo, la escuela o las amistades.
Cuándo es momento de buscar ayuda
El punto para pedir ayuda o pensar en una valoración llega cuando empezamos a ver cambios negativos concretos en la vida: querer dejar de ir al trabajo, faltar a la escuela, perder el interés en convivir con la familia y los seres queridos.
Muchas veces nadie nos explica que ese es justamente el momento ideal para buscar atención. No hace falta esperar a estar en crisis ni a que la situación sea insostenible.
La señal desde la terapia cognitivo-conductual
Otra característica de la depresión, vista desde la TCC, es que solemos desarrollar ideas pesimistas, negativas o desesperanzadoras sobre tres cosas: nosotros mismos, nuestro entorno y el futuro. Dejamos de ver una esperanza o una solución a nuestro malestar.
Cuando este tipo de pensamiento empieza a aparecer, generalmente los síntomas de depresión ya llevan tiempo instalados. Es otro momento importante para atenderse.
Cuándo la valoración es urgente
Cuando aparecen deseos de ya no vivir, la idea de que sería mejor fallecer, o pensamientos de hacerse daño o acabar con la propia vida, la valoración debe ser lo más pronto posible.
Si estás pasando por esto en este momento, en México puedes llamar a la Línea de la Vida, el servicio gratuito y confidencial de la Secretaría de Salud, disponible las 24 horas los 365 días del año:
800 911 2000Depresión de muchos años: la distimia
Hay personas que llegan a consulta después de años sin buscar ayuda, convencidas de que ya es tarde. No lo es, y no existe un momento demasiado tarde en salud mental.
La depresión de larga evolución —lo que conocemos como distimia o trastorno depresivo persistente— es tratable aunque lleve muchos años presente. De hecho, muchas personas que han vivido con síntomas crónicos ni siquiera los identifican como depresión, porque se acostumbraron a sentirse así.
Lo más importante que quisiera transmitir sobre esto: esa sensación de que "así soy yo" muchas veces no es un rasgo de personalidad. Es un trastorno tratable.
Tratamiento: lo que necesitas saber
Existen muchos mitos alrededor del tratamiento psiquiátrico. Que solo las personas con trastornos graves toman medicamento, que buscan controlarte, que te van a sedar y dejar dormido todo el día. Vale la pena desarmarlos uno por uno.
Cómo funcionan los antidepresivos
El cerebro produce de forma natural una sustancia que permite que las neuronas se comuniquen entre sí: la serotonina. Es una sustancia que todos producimos y que ayuda a las neuronas a entender que estamos bien, haciéndonos sentir con energía, tranquilos y con esperanza.
En la depresión se ha visto que esta serotonina disminuye por efecto del estrés y afecta áreas del cerebro que producen los síntomas que ya describimos.
Los ISRS —inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina— son la primera línea de tratamiento y a ellos responde la gran mayoría de los pacientes. No causan dependencia, no cambian nuestra mente, nuestra personalidad ni nuestra forma de ser. Son una ayuda para que el cerebro vuelva a encontrar un balance y nos permita ver las cosas con más claridad.
Existen además otros tipos de antidepresivos que funcionan de distintas formas en el cerebro y tienen ventajas diferentes, que se eligen según el perfil del paciente, sus necesidades y sus síntomas.
Sobre los efectos secundarios
Como cualquier tratamiento en medicina, ningún fármaco es completamente inocuo. Los efectos adversos de los antidepresivos suelen ser transitorios, aparecen al inicio del tratamiento y se presentan aproximadamente en el 10% de las personas.
- Dolor de cabeza leve
- Náusea leve
- Diarrea
- Disminución del deseo sexual
- Dificultad para alcanzar el orgasmo o, en hombres, problemas de erección
Afortunadamente, un esquema que sube la dosis de forma gradual disminuye considerablemente la posibilidad de presentarlos.
Sobre la idea de que es falta de voluntad
El tratamiento farmacológico no es una señal de debilidad, de falta de voluntad ni un atajo. Es brindarle al cerebro la ayuda que necesita para afrontar los cambios químicos que sufre por la depresión.
Nadie elige enfermarse. La depresión es un proceso bioquímico y social complejo, en el que el cerebro, al vivir tanto estrés y tantas dificultades, puede tener problemas para producir serotonina y seguir trabajando de forma normal.
El papel de la psicoterapia
El medicamento ayuda al cerebro a recuperar su funcionamiento, pero no modifica por sí solo los patrones de pensamiento que sostienen la depresión. Ahí entra la terapia cognitivo-conductual, que trabaja directamente sobre esas ideas negativas acerca de uno mismo, el entorno y el futuro, y sobre las conductas de evitación y aislamiento que alimentan el cuadro.
El tratamiento combinado —medicamento y psicoterapia— tiene la mejor evidencia disponible, incluso en cuadros de larga evolución.