No solo se hace duelo por una muerte
El duelo es una vivencia que cualquiera puede presentar ante una pérdida. Lo más común es asociarlo a la muerte de un familiar o de un ser querido, pero no es la única situación que lo desencadena.
También generan duelo:
- La reducción de la calidad de vida por una enfermedad
- La pérdida de un empleo
- El término de una relación de pareja o de una amistad
- La pérdida de un nivel socioeconómico
- La pérdida de un reconocimiento o de un rol que daba identidad
Reconocer esto importa, porque muchas personas atraviesan un duelo sin nombrarlo así, y por lo tanto sin darse el permiso de vivirlo ni de pedir ayuda.
Las cinco fases
El duelo suele comprender cinco fases. Antes de describirlas, una aclaración importante: cada persona vive el duelo a su manera, puede experimentar las fases en distinto orden, y puede atravesar cada una varias veces. No es una escalera que se sube en línea recta.
Negación
Es la más común al inicio. Algunas personas la experimentan como una sensación de que lo que está sucediendo no es verdad, o de que no hay forma de que esté pasando. Es una protección momentánea frente a algo que todavía no se puede procesar.
Enojo
Suele acompañar a la negación. Se asocia a la frustración y a la sensación de injusticia por estar viviendo la pérdida. Puede dirigirse a uno mismo, a otras personas, al sistema médico o a nadie en particular.
Tristeza
Es una parte normal del duelo, pero tiene límites bien definidos: no debe durar más de dos semanas de forma sostenida ni causar deterioro en áreas de la vida como el trabajo, la familia, la escuela o la socialización. En esta fase pueden aparecer síntomas parecidos a la depresión, pero característicamente no suelen rebasar ese periodo.
Negociación
Llega cuando intentamos explicar las causas de la pérdida: por qué no fue nuestra culpa, si actuamos bien o mal, qué pudimos haber hecho mejor. También aparece aquí la idea de que quizá esa pérdida era necesaria o natural.
Aceptación
Suele ser el final del duelo. Es ese momento en que podemos hablar de la pérdida, tratarla y sobrellevarla sin presentar disfunciones ni un malestar emocional intenso que deteriore nuestra funcionalidad. Aceptar no es dejar de doler: es que el dolor deje de organizar la vida.
Cuánto dura un duelo
Usualmente un duelo dura entre uno y seis meses. Actualmente se puede considerar un duelo no resuelto cuando estas fases siguen presentes por más de seis meses y han causado limitantes en la vida diaria y en la funcionalidad.
Vale la pena ser honesto sobre esto: como es un tema que se sigue estudiando, no existen criterios clínicos únicos para definir si un duelo es patológico o no. Se necesita una evaluación individual de cada persona y de su vivencia para determinar si hay áreas de la vida que se han visto afectadas.
El duelo complicado
Aquí ha habido un cambio importante en cómo entendemos el duelo.
Antes considerábamos que en la fase de tristeza era normal integrar criterios clínicos de depresión, e incluso desarrollar cuadros depresivos a partir de un duelo. Lo que ya hemos entendido es que, si bien la tristeza es normal en el duelo, no es sano ni normal cumplir criterios de un cuadro depresivo durante el proceso.
Cuando eso ocurre, hoy lo consideramos un duelo complicado. Y la depresión no es la única complicación posible: los trastornos de ansiedad también pueden surgir como consecuencia de una pérdida.
Esta distinción no es un tecnicismo. Significa que si alguien lleva meses con síntomas depresivos francos tras una pérdida, no hay que esperar a que "se le pase con el tiempo" — hay algo tratable ahí.
Cuándo la valoración no puede esperar
Si durante el duelo aparecen deseos de ya no vivir, la idea de que sería mejor no estar aquí, o pensamientos de hacerse daño, la valoración debe ser lo más pronto posible.
Si estás pasando por esto en este momento, en México puedes llamar a la Línea de la Vida, gratuita y confidencial, disponible las 24 horas los 365 días del año:
800 911 2000Cuando la pérdida es una ruptura
El fin de una relación de pareja o un divorcio son de las pérdidas menos reconocidas socialmente y de las que más consultas generan. Suele haber presión para "superarlo" rápido y poca validación del proceso.
No soy terapeuta de pareja certificado y no ofrezco terapia de pareja. Pero cuando una ruptura desencadena un cuadro depresivo, ansiedad, insomnio o alteraciones del apetito que interfieren con la vida diaria, eso sí es terreno psiquiátrico y tiene tratamiento.
Tratamiento y acompañamiento
Al final, llevar un acompañamiento psicoterapéutico facilita a la mayoría de nosotros transitar este proceso. No porque el duelo requiera siempre tratamiento, sino porque tener un espacio donde ordenar lo que se está viviendo hace el camino más llevadero.
Y si además surgen comorbilidades —depresión, ansiedad, alteraciones del sueño—, tratarlas a tiempo cambia sustancialmente la experiencia.
Sobre el objetivo del tratamiento
El objetivo nunca es olvidar a quien se fue ni "superar" la pérdida como si se tratara de pasar de página. Es integrarla de forma que no limite la vida: poder recordar sin que el recuerdo desarme el día, y retomar el funcionamiento sin sentir que eso es una traición.